Visita a la exposición “ERASE UNA VEZ”

INTRODUCCIÓN (a la exposición)

Todos sabemos que los Cuentos comienzan siempre: “Érase una vez…”. Y luego aparece el ogro, o la malvada bruja, o la bella princesa, y sigue el cuento relatando cómo, después de muchas y extraordinarias aventuras y gracias a la intervención de alguna hada buena, fue derrotado el Mal y recompensada la Virtud.

Como en esta exposición sobre el Cuento también interviene un hada, deberíamos empezar con la frase tradicional. Pero aquí el “una vez” de los viejos cuentos se ha convertido en “ahora”…

Y comienza el Cuento:

“Érase una reina de las hadas que resolvió emprender un viaje desde su país –que está muy lejos- para averiguar como vivían, en nuestros tiempos, las gentes de la Tierra y cuantos cuentos sabían.

Cuando el Hada Sabiduría –que así se llamaba- estuvo pronta para emprender su viaje por el mundo, eligió una onda de radio como medio de traslado, pues estas ondas, además de viajar a velocidades fantásticas, permiten introducirse fácilmente en los hogares, que es lo que les gusta a las hadas amigas de los niños.

Pero cuando hubo visitado unos cuantos hogares, el hada comenzó a ponerse triste. ¿Por qué –podríamos preguntarnos-, si en todos esos hogares reinaba la felicidad y los padres y los hijos estaban sanos y alegres?. Lo que pasaba era que, como las hadas quieren mucho a los niños, el Hada Sabiduría había advertido en todos los hogares que las personas mayores tenían libros, revistas y periódicos para leer; y ordenadores y televisiones para ver y resolver sus dudas, a lo cual dedicaban casi todas las horas del día. En cambio, no se encontraba allí apenas tiempo para hablar y contar historias o cuentos que amenizasen las veladas o descansos de los tan trabajados y ajetreados días.

Por eso el Hada Sabiduría, que, como su nombre lo dice, es la más inteligente y sabia de las hadas, encargó la composición de sus libros a los grandes sabios de la Tierra. Hizo que estos enviaran sus escritos a un gran editor, no porque fuera un editor muy conocido por las obras que publicaba, sino también porque él tenía hijos y sabía lo que estos necesitaban y cómo les gustaba que fueran hechos los libros. El editor reunió los cientos de cuentos que le enviaron y los distribuyó en grupos más o menos relacionados entre sí (fábulas, leyendas,…). Cambió el tema cada pocas páginas para no fatigar a los pequeños lectores. Luego buscó miles de ilustraciones y las intercaló en el texto para ampliar y embellecer las narraciones. Cuando había una palabra difícil, la cambiaba por otra fácil, o la explicaba. Como los sabios los narraron o escribieron cada uno en su idioma, fue necesario traducir los textos al español.

El Hada Sabiduría quedó tan satisfecha y orgullosa de la colaboración de los sabios y del editor, y de la ansiedad con que los niños esperaban sus libritos, que llamó a éstos “Cuentos: el Tesoro de la Juventud”.

 

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